Psicología de la Decisión y Poder

 La Retórica como Vector de Control en la Identidad Colectiva

Por: Kelly J. Pottella G.                                                                         Fecha: 23 de noviembre de 2025

 La Cartografía de lo Invisible

En la era de la hiperconexión, las guerras más decisivas no se libran únicamente por el control de recursos naturales o posiciones estratégicas en un mapa físico. Existe un campo de batalla paralelo, invisible pero omnipresente: la mente y el corazón de la ciudadanía. A este fenómeno lo denominaremos la "Geopolítica del Sentir".

Tradicionalmente, la geopolítica estudia cómo el espacio geográfico influye en la política internacional. Sin embargo, propongo expandir este concepto hacia una "Geopolítica Retórica": el estudio de cómo el lenguaje, las narrativas y los discursos de poder actúan como fuerzas territoriales que colonizan, no tierras, sino emociones. Esta retórica traza fronteras morales, erige muros psicológicos y define nuestra identidad basándose en a quién se nos enseña a temer, a odiar o a amar.

El presente ensayo analiza, a través de este lente, uno de los fenómenos más polarizantes de la contemporaneidad: la crisis migratoria global y la construcción discursiva de las fronteras.

Palabras como Territorios

La premisa de la Geopolítica Retórica es que las palabras no son inocentes; son contenedores de ideología que buscan ocupar espacio en nuestra psique. El poder hegemónico —ya sean gobiernos, corporaciones mediáticas o algoritmos tecnológicos— utiliza la retórica para dibujar mapas mentales.

En este mapa, la "seguridad", la "libertad" o la "amenaza" no son hechos objetivos, sino construcciones emocionales. La identidad (quiénes somos "nosotros") se forja casi exclusivamente en oposición a un "ellos" fabricado retóricamente. Aquí es donde la geopolítica se vuelve emocional: para sostener una frontera física, primero se debe construir una frontera en el sentir.

El Migrante como Campo de Batalla Semántico

Si aplicamos la Geopolítica Retórica a la crisis migratoria (visible en la frontera sur de EE. UU., el Mediterráneo en Europa o el Tapón del Darién en Latinoamérica), observamos dos estrategias discursivas opuestas que intentan colonizar la identidad colectiva.

1. La Retórica de la Invasión (El Miedo)

Ciertos sectores políticos utilizan una terminología bélica e hidráulica para describir el movimiento humano: "oleadas", "tsunamis", "invasiones", "plagas".

·        El efecto en la identidad: Al deshumanizar al migrante reduciéndolo a una fuerza natural destructiva o a un criminal, esta retórica moldea una identidad ciudadana basada en la victimización defensiva. El ciudadano se percibe a sí mismo como el guardián de un asedio. La emoción predominante es el miedo, y la respuesta política exigida es el endurecimiento (muros, deportaciones). Aquí, la identidad nacional se define por la exclusión.

2. La Retórica de la Víctima Pura (La Culpa/Compasión)

En el otro extremo, a menudo se utiliza una retórica que despoja al migrante de agencia, presentándolo únicamente como un objeto de lástima absoluta o un "buen salvaje" que huye.

·        El efecto en la identidad: Esta narrativa busca moldear una identidad basada en la superioridad moral. El ciudadano se siente "salvador". Aunque menos violenta, esta retórica también traza una frontera jerárquica: nosotros los capaces de ayudar vs. ellos los incapaces.

En ambos casos, la Geopolítica Retórica impide ver al ser humano real. El individuo migrante desaparece y es reemplazado por un símbolo útil para la disputa de poder interna.

La Colonización del Sentir y los Algoritmos

La Geopolítica del Sentir encuentra su acelerador de partículas en las redes sociales. Los algoritmos no priorizan la verdad, sino la intensidad emocional (engagement). Esto fragmenta el territorio social en "cámaras de eco".

El poder ya no necesita convencer a toda la población de una sola verdad; le basta con segmentar el mapa emocional. A un grupo se le alimenta con retórica de indignación ante la "pérdida de identidad nacional", mientras que al otro se le alimenta con retórica de culpa ante la "injusticia global". El resultado es una sociedad que comparte un espacio físico, pero que habita en dos realidades emocionales incompatibles. Las fronteras ya no están en los mapas; están en la mesa de la cena familiar.

 

 

 

La Geopolítica del Sentir revela que nuestra identidad política es, a menudo, un producto manufacturado por una retórica diseñada para manipular nuestras emociones más primarias. Al analizar la crisis migratoria bajo la luz de la Geopolítica Retórica, descubrimos que los muros más altos no son de hormigón, sino de adjetivos y sustantivos repetidos hasta la saciedad.

Reconocer este mecanismo es el primer paso hacia la resistencia. Necesitamos desarrollar una soberanía emocional: la capacidad de cuestionar no solo lo que pensamos, sino por qué sentimos lo que sentimos frente a los eventos globales. Solo desmantelando las fronteras retóricas que el poder ha dibujado dentro de nosotros podremos empezar a ver al "otro" no como una amenaza ni como un proyecto de caridad, sino como un igual. Esa es la única geopolítica capaz de sostener un futuro habitable.

 

 

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